Mi práctica artística se desarrolla desde hace más de treinta años, en el cruce entre cuerpo, memoria, territorio y tiempo. Trabajo con dibujo, pintura y textil, entendiendo este último como un lenguaje conceptual capaz de activar lecturas críticas sobre lo íntimo y lo político.
Desde mis primeros trabajos, mi obra reflexiona sobre lo femenino y la construcción histórica de sus representaciones. A partir de formas orgánicas vaginales, cartografías internas y referencias del paisaje, elaboro un archivo visual que cuestiona estereotipos femeninos y narrativas heredadas. El uso del ornamento en mi producción es un referente constante a los imaguinarios con los que crecí; las fachadas de piedra de las iglesias barrocas andinas, los patrones textiles en la vestimenta popular de las “cholitas” y la repetición en los tejidos andinos.
Mi investigación se ha orientado hacia la relación entre cuerpo y territorio. Pienso el cuerpo como paisaje y el territorio como cuerpo vulnerable. La contaminación de los ríos y la devastación del Amazonas por la minería ilegal forman parte del contexto que habito; esa realidad la transmito en la serie de obras donde uso textiles teñidos, oxidados y desgastados.
En 2023 fui diagnosticada con cáncer de mama. Reconstruí mi cuerpo de sus pedazos, y así es también mi práctica artística: trabajo con retazos de material reciclado y encontrado, construyendo mi obra desde la conciencia del tiempo y la fragilidad del cuerpo.
Actualmente, construyo paisajes a partir de retazos de tapices reciclados, evocando mis viajes de infancia. Busco transmitir la mirada de la niña que, en los años ochenta, viajaba con su familia, observando el altiplano eterno desde la ventana del coche: el cielo intensamente azul, los sembradíos de quinoa y cebada, el horizonte interminable y la luz como protagonista.
Cada fragmento textil es una geografía emocional, un mapa hecho de memoria y tacto; un diálogo entre el cuerpo y el territorio, entre el afuera inmenso y el refugio de lo doméstico.